De tutor a codiplomante: el universo transmedia

Por Rodolfo Romero Reyes

Los avatares de las tutorías llegaron a mi vida por esas casualidades del destino. Todavía es tema de debate en mi círculo cercano de amigos, si —ya recién graduado— Yohana me propuso ser su tutor, o yo le pedí que fuese ella mi diplomante. Lo cierto es que, desde aquella muy gratificante primera experiencia, no he podido desprenderme de este rol acompañante de las tesis de licenciatura.

Si quisiera hacer una balance estadístico podría calcular el porciento de cuántas de mis 10 diplomantes han sido de Periodismo o de Comunicación, de La Habana o de Pinar del Río, incluso, podría citar —como una curiosidad— el hecho de que la número 1 y la número 10 hayan sido hermanas (las archiconocidas Lezcano). Si en cambio, eligiera hacer chistes sobre mi desempeño podría enumerar las clasificaciones que me han asignado durante estos procesos: van desde el «tutor calendario» —ese que todo lo planifica—, hasta el «tutor 2.0» —al que solo ves en Facebook.

Afortunadamente cada una de estas experiencias me ha enriquecido como profesional. De la mayoría he dejado algún testimonio y, cómo después del 10 está el 11, ha llegado el momento de contar mi más reciente experiencia en la que, sin temor a equivocarme, debo confesar que he pasado de tutor a codiplomante.

Concebir una campaña promocional para el proyecto Escaramujo basada en las narrativas transmedia motivó a la estudiante Idalis Ordoñez a adentrarse en un mundo que se anunciaba interdisciplinar. Solamente el tema implicaba contenidos relacionados con la comunicación institucional, los medios y la comunicación para el desarrollo. Obviamente, de las tres, mi área de confort era la última, por mi modesta experiencia en procesos educomunicativos. Sin embargo, ¿cómo no sucumbir al entramado mediático y de redes sociales de este tipo de narrativas? ¿o no desear aprender más sobre comunicación institucional?

Apenas ofrecí pistas en materia de lo acumulado en Escaramujo, en cambio, empecé a estudiar a la par de Idalis temas relacionados con su tesis. Uno de los procesos que más me motivó fue la creación de un universo transmedia que contribuyera a socializar la práctica educomunicativa de Escaramujo en la comunidad universitaria cubana.

¿Cómo contar quiénes somos y qué hacemos? Me preguntó por Messenger Idalis un día. En ese entonces le escribí:

Contar la historia de Escaramujo es narrar las peripecias de un grupo de universitarios que han salido de esa «burbuja académica» que a veces nos encierra, para ir a tocar con la mano y trasformar un mundo de marginalidad y de vulnerabilidad social que casi siempre nos es ajeno. Es compartir valores, aprendizajes, modos de ver y asumir la vida, con adolescentes que tienen otros referentes. Es también una forma de incidir en su formación vocacional y en su futuro inmediato.

Contar la historia de Escaramujo es una forma de visibilizar a los más de 600 adolescentes que han pasado por nuestros talleres, de sensibilizar con sus historias —a veces tristes—, de entender que es necesario emprender acciones de impacto social desde las universidades en pos de construir una sociedad más justa y más inclusiva.

Contar la historia de Escaramujo es mostrar una forma de hacer diferente, dialógica, participativa; de crecer en grupo y con el grupo; de utilizar la comunicación como medio, fin y esencia de nuestro trabajo de transformación e impacto social; de desempeñarnos desde la docencia y la investigación de una forma más altruista y comprometida con nuestro tiempo.

Contar la historia de Escaramujo es el pretexto para que te sumes a nosotros en este empeño martiano de, humildemente, contribuir a la educación de los demás.

Anjá, y ahora: ¿cómo compartir estas esencias en historias?

Obviamente existen tres dimensiones de Escaramujo que no pueden faltar: se trabaja con adolescentes, es un proyecto impulsado por la acción de jóvenes universitarios cubanos y tiene un marcado componente académico e investigativo que avala metodológicamente la práctica de transformación social.

Elegimos para cada dimensión, pensarnos una historia. También necesitábamos una historia coordinadora que funcionase como hilo conductor. Horas de trabajo entre Idalis y yo dieron el siguiente resultado.

Habría una historia 1, la de Idalis, una estudiante de 5to. año de Comunicación Social que se enfrenta a su tesis de licenciatura y emprende la realización de una campaña. Obviamente, sería la historia más larga, empezaría antes de la campaña y culminaría meses después, hasta que la muchacha lograra graduarse.

También una historia 2. En ella 11 adolescentes darían cuenta de su paso por Escaramujo. Usarían la fórmula: antes y ahora, y los productos comunicativos se publicarían sobre todo en Instagram y en Youtube. El producto principal sería la serie de 3 reportajes «Historias adolescentes», que se publicaría en la revista Somos Jóvenes.

La historia 3 sería la de 10 universitarios que han sido parte de esta primera década del trabajo en Escaramujo. Ellos contarían 10 de sus momentos en el proyecto (en infografía para Facebook) y harían video-selfies con la consigna «Escaramujo y yo» que se publicarían en Youtube. Sin restarle fuerza al spot de la campaña o al cortometraje, La serie «Acciones que cuentan», pensada para la revista Alma Mater y de forma hipermedia, constituiría el producto principal.

La última historia se centraría en el grupo de estudiantes y profesores que investigan como parte de la práctica educomunicativa de Escaramujo. Dos de ellos, compilan textos para un libro que recogerá parte de dicha investigación. El libro, editado por Ocean Sur, será el producto principal. Su versión digital circulará en redes como Facebook, Instagram y Telegram.

Cada historia irá acompañada del slogan principal y sus adaptaciones respectivas variaciones:

#HazQueCuente
#HazQueTuAdolescenciaCuente
#HazQueTuAcciónCuente y
#HazQueTuConocimientoCuente,

en el mismo orden que mencionamos cada argumento.

Uno de los atractivos de este slogan, es la facilidad que tiene para que otros públicos se apropien de él, a la vez que le hacen un guiño comunicativo al proyecto:

#HazQueTuHistoriaCuente / #HazQueTuDiseñoCuente /#HazQueTuTesisCuente

Dibujar en una pizarra 10, 15 veces, ese universo narrativo con nombres de los personajes, flechas indicando canales y productos comunicativos, lograr la conexión no forzada entre cada historia, y pensar en posibles viajes de usuarios, es una experiencia sin duda excitante.

Después de pensar cada detalle, como si fuésemos ingenieros o arquitectos, inició esta campaña hace ya cuatro meses. Cuando apenas quedan 30 días para que finalice —con el evento Adolescer, que hemos concebido como cierre de la campaña—, es gratificante ver como en ese esquema han ido surgiendo pequeños círculos en rojo que indican contenidos ajenos a nuestro universo inicial, acciones emprendidas por la iniciativa de otros, públicos que han decidido participar de este correlato, aportando ideas, vínculos y sentidos.

Y este, es uno de los atractivos en mi opinión de las narrativas transmedia: esa mezcla rara de creatividad, participación y el acto mismo de contar historias, que te hace sentir determinada dosis de adrenalina  y que, por momentos, más que tutor, te sientas diplomante.

Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
Esta entrada fue publicada en Textos académicos y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a De tutor a codiplomante: el universo transmedia

  1. Pingback: ¿#HazQueCuente logró ser una campaña transmedia? La opinión de un tutor | Letra joven

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s