Hemos venido a…

Por Nemo

A mediados de mi carrera universitaria Raúl Garcés-entonces profesor de la Facultad de Comunicación- nos propuso a tres estudiantes armar un equipo de investigación que participaría en la preparación del guion — entiéndase, las entrevistas — del programa televisivo Privadamente Público, un espacio que él conducía y que, si mal no recuerdo, salía por el Canal Educativo.

Oficialmente, eran dos guionistas. Nuestro trío — Yanet, La Flaca; Pedro y yo — armaría equipo con Jesús Arencibia. Nos asignaban un entrevistado y en ese momento comenzaba la tarea. El primero, y quizás por eso el que más recordamos, fue Guillermo Rodríguez Rivera. Debíamos reconstruir su vida, encontrar momentos cruciales, diseñar preguntas interesantes. Para eso entrevistamos a sus amigos intelectuales, mujeres que habían compartido con él amistad y relaciones amorosas, sus vecinos; parecíamos espías en vez de jóvenes periodistas. Leímos entrevistas anteriores que le habían publicado otros medios. En tres semanas nos volvimos especialistas en la vida del Guille.

Después, teníamos una reunión con Arencibia para escribir las preguntas, ordenarlas, etcétera. Por último, tocaba un encuentro con Garcés donde le presentábamos la propuesta completa. Por nada de aquello recibíamos un peso, la mejor remuneración y a la vez mayor motivación era aprender en la práctica a hacer verdaderas investigaciones periodísticas. También era una muestra de confianza, pues luego el profe saldría en cámara haciendo preguntas, arriesgándose con informaciones y datos ofrecidos por nosotros, imberbes estudiantes.

De aquellos tiempos aprendí mucho del trabajo en equipo, del género entrevista, de cómo se hace un programa de televisión,de lo útil que resulta que los profesores pongan a sus estudiantes a trabajar en proyectos profesionales; y, una de las cosas más importantes, aprendí que siempre debemos tener mucho cuidado con las palabras que utilizamos.

Esta enseñanza emergió a partir de una de aquellas investigaciones, cuando concebíamos la entrevista a Laurita de la Uz. Esa vez dividimos esfuerzos y mientras Pedro revisaba entrevistas anteriores, Yanet y yo debíamos entrevistar a un prestigioso director de teatro y excelente amigo de la actriz.

Llegamos a su apartamento y después de los saludos habituales, La Flaca, emocionada, empezó una larguísima introducción. Una de sus frases provocó una reacción en mi rostro, que no pude disimular. El director, que también entendió el inevitable doble sentido de sus palabras, sonrió, entendiendo que aquello debía ser fruto de nuestra inexperiencia o nerviosismo estudiantil.

Una vez concluido el diálogo, al salir del apartamento, con esa ingenuidad que siempre la ha caracterizado — consecuencia directa de una infancia en la zona industrializada del municipio San Andrés, en La Palma, Pinar del Río — , Yanet me preguntó:

— Chico, ¿dije algo cómico o fuera de lugar? Es que noté las expresiones de ustedes.

— Flaca, todo te quedó excelente pero la próxima vez no le digas a los entrevistados que «hemos venido a chuparle todo lo que podamos».

Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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