Adelita, Bella ciao y una botella de ron

Las canciones suelen contar historias. Algunas de ellas esconden relatos místicos de cómo fueron creadas o en qué circunstancias surgieron. Otras, a partir de que se escuchan por primera vez, empiezan a generar nuevas narraciones.

Por Rodolfo Romero Reyes

Una canción de Joaquín Sabina es mi preferida: «La canción más hermosa del mundo». De los tantos guiños que hace el cantautor español, uno de sus versos significa para mí algo especial: «¿qué harías tú si Adelita se fuera con un comisario?». La referencia hace alusión a la melodía que cuando niño me cantaba mi mamá. Así como les cuento, Adela Reyes Peña, mi madre, colaba entre las serenatas infantiles que improvisaba para sus pequeños lactantes, canciones «de adultos» de su preferencia. Esta que recuerdo, decía:

«Si Adelita se fuera con otro
la seguiría por tierras y por mar,
si por mar, en un buque de guerra;
si por tierra, en un tren militar».

Según cuentan, fue la enfermera oriunda de Ciudad Juárez, Adela Velarde Pérez, la mujer que inspiró el corrido popular «Adelita». Ella era nieta de Rafael Velarde, amigo de Benito Juárez, quien dio alojamiento al Benemérito de las Américas en su exilio en Paso del Norte.

«En lo alto de una abrupta serranía,
acampado se encontraba un regimiento,
y una moza que valiente lo seguía
locamente enamorada de un sargento.

Popular entre la tropa era Adelita,
la mujer que el sargento idolatraba,
que además de ser valiente era bonita,
que hasta el mismo coronel la respetaba».

Dicen que fue el soldado Antonio del Río Armenta, herido y atendido por Adelita en 1914, quien compuso el famoso corrido.

«Y si acaso yo muero en la guerra,
y mi cadáver lo van a sepultar,
Adelita, por Dios, te lo ruego,
que por mí no vayas a llorar».

Soldado, sargento o comisario, lo cierto es que su letra quedó inmortalizada y se convirtió en símbolo de la Revolución Mexicana.

Bella ciao en cuarentena

Apasionados del cine y la televisión hemos aprovechado estos meses de cuarentena para «barrer» con películas y series que la agitación de las jornadas cotidianas no nos dio tiempo a ver en su momento. Populares en Cuba son las series españolas. Una de ellas, Casa de papel, ha ocupado el tiempo libre después de las jornadas de trabajo desde casa. Todas las noches, al menos un capítulo; y ya estoy terminando la cuarta temporada.

Seducido ante el drama, tarareo la canción que el abuelo de El profesor y de Berlín, enseñó a sus nietos.

Una mañana, me he despertado,
O bella adiós, bella adiós, bella adiós, adiós, adiós.
Una mañana, me he despertado,
y he descubierto al invasor.
¡Oh! Partisano, me voy contigo,
O bella adiós, bella adiós, bella adiós, adiós, adiós.
¡Oh! Partisano, me voy contigo,
porque me siento aquí morir.

Esta canción que El profesor enseña a la banda que asaltará el lugar donde se imprime el papel moneda en España —en singular atraco que persigue el objetivo de imprimir su propio dinero durante el tiempo que logran mantener como rehenes a trabajadores y visitantes del lugar—, fue adoptada como himno por la resistencia partisana italiana durante la Segunda Guerra Mundial.

E se io muoio da partigiano,
o bella, ciao! bella, ciao! bella, ciao, ciao, ciao!
E se io moio da partigiano,
tu mi devi seppellir.
E seppellire lassù in montagna,
o bella, ciao! bella, ciao! bella, ciao, ciao, ciao!
E seppellire lassù in montagna,
sotto l’ombra di un bel fior.

En opinión de Andrea Imaginario, especialista en Artes, Literatura Comparada e Historia: «es un himno libertario que evoca la resistencia y la dignidad de quienes luchan contra la opresión». A los cubanos, su letra puede remitirnos a «Abdala», el poema épico de José Martí; «Ay, Carmela», de Antoine Ciosi, cercana por nuestros lazos afectivos e identitarios con la Guerra Civil Española; o «La Lupe», compuesta por el entrañable Juan Almeida Bosque.

No se sabe quién es el autor de la letra de «Bella ciao». En el artículo «Bella ciao: detrás de la escena», explica Federico Larsen:

Socialistas, anarquistas, liberales y —especialmente— comunistas, dieron vida a una guerra de resistencia con connotaciones ya legendarias. Se convirtieron en «partisanos» —partigiani en italiano—, así llamados por tomar partido en lo que en Italia se dio en llamar la «guerra de parte», es decir, la del más débil contra el más fuerte. Escritores (como Italo Calvino), intelectuales, artistas, pero especialmente campesinos y obreros formaron grupos clandestinos, organizados en brigadas por afinidad ideológica, y lucharon hasta 1945 contra la ocupación nazi-fascista.

Aunque entre La Resistencia tuvo mucha acogida el himno de la Internacional Comunista, «Bella ciao» —que se conocía solo en algunos focos de Italia y era interpretada en los festivales de música revolucionaria— se convirtió, después de la caída del fascismo italiano en abril de 1945, en el símbolo de la resistencia victoriosa gracias a su texto inclusivo y emotivo.

Tutte le genti che passeranno,
o bella, ciao! bella, ciao! bella, ciao, ciao, ciao!
e le genti che passeranno,
Mi diranno: «Che bel fior!»
E questo è il fiore del partigiano,
o bella, ciao! bella, ciao! bella, ciao, ciao, ciao!
E questo è il fiore del partigiano,
morto per la libertà!.

Y por esa magia de las historias con nuevos significados, en lo que algunos recuerdan la escena de El profesor y Berlín, cantando el himno partisano, con la que termina el último capítulo de la primera temporada, yo me quedo con el momento en que los asaltantes protagonizan uno de los instantes más felices, tras terminar de cavar la primera parte del túnel que los llevaría a la libertad.

Por un momento, olvidados del estrés, de los imprevistos, de la tensión producida por el asedio policial, mis queridos Helsinki, Denver, Moscú, Berlín, Tokio y Nairobi corean, emocionados: «E questo è il fiore del partigiano, / morto per la libertà!».

Una botella de ron

La novela La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson, es el primer libro que recuerdo haber leído íntegramente. Lo entregó en mis manos la bibliotecaria de mi escuela primario Raúl Marcuello. Los que hemos leído ese libro, recordamos con aires místicos, la temible canción de los piratas.

15 hombres en el cofre del muerto.
¡Ho, ho, ho! ¡Y una botella de ron!
El ron y el diablo se llevaron el resto.
¡Ho, ho, ho! ¡Y una botella de ron!

En el texto original se titula: «Dead man chest» y dice:

Fifteen men on the dead man’s chest,
Yo, ho, ho, and a bottle of rum!
Drink and the devil had done for the rest,
Yo, ho, ho, and a bottle of rum.

Siguiéndole la pista a la canción, encontramos como primeras referencias el poema «Derelict», del estadounidense Young Allison, y la adaptación que del mismo se hiciera en Broadway para un musical en 1900. Décadas después, reaparece en las versiones cinematográficas La isla del tesoro, de 1934, o la versión de Disney, con igual nombre, de 1950. En la serie australiana Las aventuras de Long John Silver, se incluyeron los acordes de David Buttolph en la versión que presuntamente rescata el «Derelict» original. En la actualidad se conoce de distintas maneras: «Fifteen Men», «Dead Man’s Chest» o «Bottle of Rum».

Según el investigador Emilio de Gorgot, cuando Stevenson publicó La isla del tesoro no aclaró públicamente el significado del estribillo. Durante todo el siglo XX el asunto pareció un misterio irresoluble, hasta que un análisis de la correspondencia del escritor dio en la diana, revelando un dato importante.

En una carta que Stevenson había enviado a un conocido suyo, el galerista Sidney Colvin, explicaba de dónde habían surgido el estribillo y, con él, la idea para su novela. La isla del tesoro nació cuando Stevenson estaba leyendo un libro de viajes At Last: A Christmas in the West Indies, de Charles Kingsley. En uno de sus pasajes se mencionaba el sonoro nombre de una isla Dead Chest; ¿bastó solo ese nombre para echar a volar la imaginación de Stevenson?

Según el explorador Quentin van Marle, la isla está relacionada con el famoso pirata Barbanegra, quien debió enfrentar y vencer a un grupo de sus propios hombres que intentaron amotinarse. Tras sofocar la revuelta, abandonó a los marineros rebeldes en Dead Chest sin comida ni agua. Les dejó una botella de ron y un cuchillo por cabeza, pretendiendo que se matasen entre sí. Cuando regresó, 30 días después para comprobar el estado de los amotinados, 15 de ellos habían muerto. Catorce sobre la propia isla, y otro ahogado cuando, movido por la desesperación, intentó salir nadando. Su cadáver había sido arrastrado hasta una playa en otra isla.

De esta manera, explica Gorgot, esta leyenda inspiró en Stevenson el singular estribillo. La melodía más conocida es a raíz de la versión de Broadway; la cual ha tenido diversas adaptaciones. Entre estas versiones libres, comparto una realizada por un grupo de jóvenes españoles, en la que recrean el argumento de la novela. Sin duda, su ritmo se adapta, perfectamente, a los tiempos que corren.

Aquí les dejo la letra de esta versión…

 

Cuenta la historia de un joven llamado Jim,
un valiente y leal mesonero
al cual un moribundo pirata
le dio el adjetivo de aventurero.
En su poder guardaba el mapa,
de la famosa Isla del Tesoro,
codiciado por lobos de mar,
sedientos de gloria, ambición y oro.

15 hombres en el cofre del muerto.
Y una botella de ron.
La bebida y el diablo se llevaron el resto.
Y una botella de ron.

Jim, con la ayuda del doctor Livesay
y de un prestigioso caballero,
consiguieron barco y tripulación
para hallar el tesoro del bucanero.
Avistaron tierra sin dificultad
y el motín empezó al pisar el suelo.
Sangre en la isla se derramó
gracias al miserable cocinero.

15 hombres en el cofre del muerto.
Y una botella de ron.
La bebida y el diablo se llevaron el resto.
Y una botella de ron.

No sabía el tremendo rufián
que sus enemigos iban con ventaja.
Abandonado por el dueño del botín
encontraron a Ben Gunn y les dio esperanza.
Los amotinados raptaron a Jim
para conseguir el preciado mapa.
Como el doctor tenía un plan
se lo entregó sin mediar palabra.

15 hombres en el cofre del muerto.
Y una botella de ron.
La bebida y el diablo se llevaron el resto.
Y una botella de ron.

Tras buscar el cofre con tesón
no encontraron más que arena mojada.
En ese momento apareció el doctor
que espantó con su arma a las malas ratas.
Ben Gunn que tenía el control
había escondido todo el dinero;
lo llevaron hasta el galeón
y amarraron a Silver, el cocinero.
Esta historia ya llega a su fin,
los traidores nunca consiguen premio.

15 hombres en el cofre del muerto.
Y una botella de ron.
La bebida y el diablo se llevaron el resto.
Y una botella de ron.

Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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