Para solteros

Por Nemo

«Pues sí, las mujeres seducen y tienen sus propias estrategias», así afirmó una de las especialistas que colaboran con nuestra revista cuando, en el pasado febrero, Alma Mater publicó el texto «Para solteras»; en el que se clasificaban a algunos hombres según sus maniobras para enamorar.

Ese primer texto, se pensó a modo de alerta para que ellas no se dejaran engatusar fácilmente y supieran identificar a sus diestros pretendientes. A partir de aquellas líneas, un grupo de investigadores integrado por seis mujeres y dos hombres, han indagado en las clasificaciones de ellas: las féminas con experiencia en el arte de la seducción.

Si en la entrega anterior alertamos a las solteras para que pudieran reconocer a hombres «soroa», «búhos» o «irremediablemente cursis»; es prudente alerta a los solteros para que no caigan ante determinados ardides de la seducción femenina.

La Shakira tropical: solo se deja ver, su cuerpo escultural hace que, sin bailarte el «waka waka», caigas tendido a sus pies.

La Magaly: se hace la dura.

La emoji: se la pasa todo el tiempo enviándote emoticones: corazones rojos, diablillos sonrientes, cachetes sonrojados, todo lo que en materia semiótica indicaría que está decidida a cualquier cosa por ti. Ojo, un paso en falso, y todo termina. Si decide echarte a un lado, se hace la ingenua: «yo solo los ponía porque me parecían muñequitos divertidos».

La directa: te desarma cuando ante un piropo o frase lisonjera suele ir directo al grano. Por ejemplo, ante la típica frase: «¡Ay!, ¿quién pudiera besar esos labios?»; te responde: «No lo has hecho porque no has querido».

La diabla puritana: aparenta ser un ángel caído del cielo, atrae a los hombres con su dulce apariencia, haciéndoles creer que están conociendo a la futura madre de sus hijos.

La increíblemente soltera: es aquella cuya belleza, inteligencia, entre otros atributos, hacen que nadie se explique por qué esta soltera. Generalmente, no lo está, pero prefiere las cosas discretas, y es diestra en el arte de la compartimentación.

La cafetera: presume de su facilidad para seducir a los hombres, afirma que los tiene «comiendo de su mano», supuestamente les propone a sus víctimas desafíos candentes, sin embargo, a la hora de la verdad: calienta, pero no cuela.

La plagiosexual social media: pasa su vida posteando fotos retocadas, empinando lo que tiene y lo que no, subiendo historias, exhibiendo su cuerpo semidesnudo en las redes sociales para recibir respuesta de cuanto macho alfa pecho-peludo-espalda-plateada deambule por esos ciber-lares. Sus publicaciones vienen acompañadas de una frase motivacional, psicológica, filosófica, astrológica o estrambótica, todo depende de la pose en la foto. Siempre se muestra atrevida, intrépida, pirimpimpética; es la Indiana Jones del chateo intenso.

La stalkeadora: se conecta a Facebook, busca tu perfil y le da «Me gusta» a 40 fotos tuyas en cuestión de unos minutos, es consciente de que las notificaciones te avisarán de que, evidentemente, ella está «puesta pa´ tu cartón». Espera un par de días y, si no muerdes el anzuelo y le mandas una solicitud, ella lo hace. Si la aceptas, verás que, en unos minutos, aparece por tu chat en modo: «Hola, ¿estás?».

La forense: te investiga previamente, por eso, cuando se lanza, ya sabe todo de ti. Si notas que te escucha con atención y te hace las preguntas más inteligentes que te han hecho, es porque conoce cada una de las respuestas. Suele ser muy metódica, y su average en estas lides es de los más altos. También son solidarias y altruistas, si una amiga está conociendo a alguien, ellas averiguan todo acerca del pretendiente en cuestión, y lo hacen gratis.

La compartida aparentemente indecisa: (toma parte de su nombre de una canción de Pablo Milanés). Tiene pareja, no obstante, te seduce, incluso se esfuerza por hacerte creer que eres tú quien la ha seducido. Parte de su estrategia es complejizar el panorama: de ahí que te repita hasta el cansancio: «esto está mal, no podemos hacerlo más», «me siento culpable», «bueno, está bien, pero que sea la última vez».

La «stand up comedy»: te hace reír hasta que olvidas todo; un chiste en vivo, un meme por WhatsApp, una buena dosis de sarcasmo, una dosis de ironía, una intertextualidad simpática y ya crees que nacieron el uno para el otro.

La mecánica-carpintera: sabe arreglar el chucho de ventiladores y radios (aunque los llame así: chuchos), abrir huecos en la pared con un taladro, usar un martillo. Aunque tiene un efecto positivo en algunos hombres, otros salen corriendo ante tales evidentes muestras de superioridad y empoderamiento.

La novelista: no se muestra de un inicio tal y como es; en cambio, en cada conversación desliza minicrónicas de vida en la que te cuenta su historia y deja en claro sus formas de pensar.

La contratendencias: aunque tiene un cuerpo muy atractivo, no se vale de un short o un vestido apretadito. Prefiere vestidos largos y anchos, los que por el efecto del aire, o al sentarse, dejan entrever un poco más. Lo denomina: el efecto «ultra mega plus».

La repartera retro: Ni aunque le confieses que tú estás «como guanábana para champola», ella no te enseñará su pudín si antes no ve y evalúa la calidad de tu guaripola.

Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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