Latigazo (10)

Por Héctor Zumbado

La emoción de la tele

Febrero 2002

Cuando uno se pone a riflexionar[1] acerca de una serie de interesantes características de la televisión, puede entonces percatarse a fondo de los momentos de intensa emoción y suspenso, e incluso de fino humor, que nos depara la pequeña pantalla. Es cierto que el humor, a veces, no se manifiesta de una manera consciente, sino que más bien es producto de algún desliz memorístico o acto fallido o simplemente troque, como dicen los psicólogos cuando quieren comunicarse con el paciente.

El troque puede ocurrir en formas diversas, como en el caso del empleo involuntario de la técnica del bocadillo invertido: (Ojo: el bocadillo invertido NO es un sangüichito puesto bocabajo. Bocadillo es un término teatral. Es una frase breve, de una extensión similar a la que trae adentro un sangüichito de $1,80)[2] Oigamos este diálogo televisivo de una novela de aventuras del siglo XVII donde se emplea el bocadillo invertido, sin querer, claro.

— ¿Y dónde habéis hallado el cadáver de vuestro esposo, señora condesa?

—En la cajita de rapé, monseñor.

— ¡Qué interesante! ¿Y la sortija robada?

—Apareció en el jardín, atravesada por un puñal.

Si a este delicioso troque que produce en el televidente un momento de sana expansión se le agrega el recurso tragicómico de la prenda intemporal (por ejemplo, cuando en lugar de un sombrero de plumas del siglo XVII, el responsable del vestuario le asigna al conde un elegante bombín de finales del XIX), entonces el humor puede adquirir altos niveles chaplinescos.

El suspenso, por su parte, se obtiene mediante muchos métodos. El del subtítulo invisible es un método infalible para crear en los televidentes un estado de ánimo de extraordinaria tensión que los motiva a ejercitar la imaginación y a preguntarse unos a otros:

—¿Qué dice? ¿Qué dice?

—Parece que le está diciendo que si no se calla la va a estrangular.

—No, no, yo creo que le quiere regalar un collar.

Estas situaciones emocionantes creadas por los subtítulos invisibles tienen, además, la ventaja de contribuir a la identificación fonética y al conocimiento de algunos idiomas que para nosotros, los latinos, comportan cierto grado de dificultad. Así, gracias al subtítulo invisible, aprendemos a decir «buenos días» en checo, «adiós» en alemán, «hola» en húngaro, «te amo» en sueco, «¿dónde está el arroz?» en japonés, etcétera. El subtítulo invisible, por lo tanto, además de emotivo es didáctico. El rollo embarajado y el rollo omitido son otras fuentes de intenso suspenso.

El rollo embarajado tiene lugar cuando el último rollo de la película se pasa ANTES, sorprendiendo al espectador con el desenlace en los momentos en que la trama estaba cogiendo fuerza. Esto lleva al televidente a un juego mental muy interesante, es decir, lo motiva a reconstruir todo el filme, a editar mentalmente los fragmentos dispersos, bajo un estado de ansiedad inolvidable. Pero el suspenso del rollo embarajado no puede compararse en intensidad con el que provoca el rollo omitido. Hay que imaginarse esa escena donde el detective, reunido con todos los sospechosos, comienza a hacer el análisis de los hechos y en el instante en que empieza a decir: «El asesino es …» ¡Prácata! Ahí mismo se acaba la película y a continuación sale el locutor en pantalla diciendo que les hemos presentado el interesante largometraje titulado El crimen fue a las 12, que esperamos haya sido de su agrado y tengan todos muy buenas noches, queridos televidentes.

Hay que imaginarse la carga emocional, el fabuloso suspenso que genera la técnica del rollo omitido. Deja a los espectadores, literalmente, suspendidos en el aire, eternamente tensos. Las posibilidades de crear suspenso son prácticamente inagotables, porque también puede emplearse el recurso del dolly distraído. La carrera del empate está en segunda, el bateador conecta línea por arriba del torpedero y -mientras el narrador se atropella histéricamente emocionado, de manera que no podemos entenderlo- la cámara, en lugar del home, nos muestra un maravilloso close-up del cargabates. Ese dolly distraído, enfocando un ángulo neutral del juego, no tiene desperdicio en cuanto a emoción se refiere.

Algunos televidentes, sin embargo, prefieren un tipo de suspenso menos dramático, más sutil, como el que genera la foto del satélite meteorológico. Eso de tratar de ver dónde está la isla de Cuba entre tantas nubes, nubecillas, nubarrones, sombras, claroscuros, latitudes, longitudes y demás imágenes borrosas, crea un estado ansioso de tipo especial.

No tanto, claro, como cuando se intenta descifrar el parte. La sola idea de tratar de penetrar en el misterio de las «lluvias dispersas en la región occidental», preguntarnos si caerán en El Vedado o al sur de San Juan y Martínez, nos regala un suspenso que puede durar hasta veinticuatro horas.

La tele está llena de emociones.


[1] Hace alusión al libro de Zumbado.

[2] Téngase en cuenta la fecha en que se escribe.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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