Réquiem por Magaly

Por Nemo

Enero. Cuba. Año 2121

Estamos inmersos en las celebraciones con motivo del centenario de un suceso histórico ocurrido a inicios de la década de los años veinte — del pasado siglo XXI — ,el momento trascendental en que Magaly pasó a ocupar un lugar imborrable en el imaginario popular cubano.

Si Mariana, la de Silvio, quiso ser canción, la Maga en realidad no aspiraba a tanto. Fueron la rueda de la vida, las vicisitudes del destino y los planes previos al suceso de reordenamiento económico los que conspiraron para que esta mujer trascendiera de la forma en que lo hizo.

Según narran los libros de historia moderna, los orígenes del fenómeno Magaly estuvieron en el ambiente urbano gracias al «esfuerzo creativo» de DJ Unic y WowPopy. Sin embargo, sería la impronta de Yomil la que, con su incursión en el remix, volvería viral a la susodicha muchacha, que devino en símbolo de la «mujer duraka».

Su principal y único estribillo (por no decir que prácticamente representa el 80% de la letra de la canción) decía: «Si una puerta se me cierra, otra puerta se me abre. ¡Dura Magaly! ¡Ay, por tu madre!».

Cuentan que por aquellos días en esta isla caribeña, Magaly logró propagarse más que la COVID-19. Algunos investigadores subrayan que la mítica mujer llegó a estar más dura que Durán, lo cual es mucho decir.

El éxito de la Maga estuvo asociado también al auge de las narrativas transmedia. Por eso, aunque su historia inicial transcurría en los marcos estrechísimos de la mencionada canción, otras historias complementarias aparecieron en formatos impresos, audiovisuales e incluso, hipermediales.

La revista Somos Jóvenes publicó un comentario que indagaba en el origen del hit. En tanto, otras publicaciones más faranduleras intentaron, infructuosamente, descubrir la verdadera identidad de la enigmática mujer que había inspirado a los reguetoneros.

Por aquellas semanas en los circuitos de cine, se estrenó la película Retrato de Magaly que, al ser una versión libre del tema musical, narraba las peripecias de una joven campesina que emigraba a la ciudad en busca de mejoras económicas. Su llegada a la capital la llevaba a transitar de alquiler en alquiler, sortear ofertas laborales lo mismo en el ámbito estatal presupuestado que en el sector cuentapropista, y conocer a pintorescos personajes del entorno urbano.

En las redes sociales de Internet fue donde la muchacha alcanzó la cúspide de su ascenso popular. La frase, descontextualizada, servía lo mismo para calificar la postura de determinada funcionaria pública que para cronicar algún suceso del entorno familiar.

Vale aclarar que la dureza de Magaly podía estar relacionada con conceptos diversos: un físico tonificado, una foto con swing, una frase contundente, una persona intransigente o alguien que impone respeto. ¡Dura Magaly! servía lo mismo para elogiar que para insultar (algo similar a lo que ocurrió con la palabra «final», que en ese mismo periodo histórico gozó de múltiples significados).

La Maga condicionó un punto de desencuentro generacional. Una joven de la época dejaba constancia de ello en su perfil de Facebook: «Yo (cantando): Dura Magaly. Mi mamá: ¿quién es Magaly? Yo: No estás lista para esta conversación».

Su estribillo, además, resultó versionado en más de una ocasión en sintonía con la situación epidemiológica del momento: «Cuando una fase se te cierra, otra fase se te abre. ¡Ay, fase 1! ¡Ay, por tu fase!». Además, logró formar parte del argot callejero. Un «Dura, Magaly» en plena avenida servía para resaltar la belleza de una persona, o para opinar sobre determinada situación (como los precios iniciales que, una vez iniciado el reordenamiento, tuvo la heladería Coppelia). También como piropo callejero tuvo gran popularidad; incluso, en su versión reducida; bastaba con decir: ¡Magaly!

Testimonios recogidos en la prensa del momento, afirman que su trascendencia alcanzó incluso matices políticos de tipo contestatario, cuando en una de las vallas de la ciudad en la que se alzaba el mensaje: «La historia será dura con quienes…», alguien dibujó en grafiti: «Perdón, dura es Magaly».

Sin embargo, la fama de Magaly un buen día se esfumó, como le suele suceder a los mitos urbanos. Las nuevas generaciones desconocen que existió una Oficina Secreta; casi nadie recuerda «El palón divino», y son muy pocos los que saben, a ciencia cierta, lo que significaba en aquella época que te acusaran de ser «una canchanfleta».

Por eso hoy develamos esta tarja como digno homenaje a una de las mujeres más durakas de esos tiempos. Y lo hacemos dejando, en mármol impreso, las palabras de otro de sus contemporáneos, capaz de resumir en unos versos, el sentir de toda una nación: «Aunque vivas donde vivas, / en Moscú, en Quito o en Cali, / quien no conoció a Magaly, / no sabe lo que es la vida».

Tomado de revista Alma Mater.

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Acerca de rodoguanabacoa

Periodista, educador popular, escaramujo... amante de la historia de mi país: Cuba.
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