A mi amigo José Raúl Gallego,
por la valentía.
Por Rodolfo Romero Reyes
Parecía que el Congreso Nacional de Magos iba a terminar de un momento a otro. En más de una ocasión la presidencia había negado la palabra a los jóvenes hechiceros que se formaban en el colegio de Howards, bajo la cariñosa y ética dirección del Gran Mago Julius Decan. Indignado y aprovechando un minuto de distracción el joven Harry Potter apretó el botón rojo que encendía uno de los micrófonos.
-Permiso, permiso- e inmediatamente que tenía la atención de todos dijo, con la vista fija en Cornelius Funge, el Ministro de Magia: Sigue leyendo