Hoy liberé una mariposa

090-03Por Raúl Medina

Supón que casi todo el mundo sabe quién es tu padre pero tú no lo conoces, al menos como debiera conocer un hijo a su viejo. Supón que tu padre es unos pocos papeles y fotos, un recuerdo que por antiguo no hace recordar nada ya. Irónicamente, alguna gente te identifica más por su figura, que por ti. «Aquel es el hijo de Tuma», dicen, o «aquella muchacha es la niña de Olo Pantoja».

Por último supón que un día te traen al viejo en una caja poco más grande que una de zapatos y lo depositan en Santa Clara, en un mausoleo junto al Che porque lo mataron a su lado, en la selva.

Este es, a grosso modo, el conflicto detrás de los testimonios revelados en Hoy liberé una mariposa (2012, 27 min). Resulta una documental sencillo, que no superficial, y con él Rodolfo Romero y Pedro Moya (sus guionistas y directores) hallaron otra manera de mirar a las luchas revolucionarias del siglo XX latinoamericano, concretamente la odisea trunca del Che.

Sin embargo, para serles sincero, esta no es una película “guevariana” tradicional. Si quiere alimentarse del mito mejor consiga una copia de San Ernesto nace en La Higuera (Isabel Santos y Rafael Solís, 2006) o de Che, un hombre nuevo (Tristán Bauer, 2009).

El lente aquí se enfoca en otra dirección: hacia el dorso de la historia oficial, hacia los hijos que dejaron él y muchos de los integrantes del destacamento que le acompañó en Bolivia. Por eso lo que todos conocemos, los preparativos preliminares, el despliegue sobre el terreno de combate y el desenlace de la misión, ocupan más o menos un cuarto de la película, resuelto con fotos y secuencias puntuales (incluidos documentos de extraordinario valor, como la grabación inédita de Tania la Guerrillera y José Martínez Tamayo). Luego a la esencia: 45 años después de la partida de sus padres, aquellos niños hablan sobre sus imágenes, las pocas que guardan y las que les construyeron.

Estamos ante un tema de esos que llaman “sensibles”, de los que mueven fácilmente a la condescendencia, pero los realizadores no se dejan llevar en ningún momento por el melodrama ligero. No lo hacen con los socorridos excesos de primeros planos a rostros o manos. Tampoco la banda sonora (con música que Gustavo Santaolalla concibiera para Diarios de motocicleta) espera lágrimas, sino recrear atmósferas y sugerir, más que denotar. Si antes dije sencillo fue porque el documental avanza en un natural transcurrir, sin complicaciones dramatúrgicas ni efectismos o altisonancias visuales.

Hacia al final comenzamos a preguntarnos si valió la pena que aquellos jóvenes dejaran sus familias para caer lejos y olvidados, que durante treinta años fueran fango de una tierra pobrísima, si un acto de heroísmo significa algo más allá del acto mismo. Pero hay una secuencia que lo pone en claro: sus hijos (la mayoría, por lo menos), aceptan que aquellos guerrilleros tomaron una decisión que los hizo más libre por unos meses, y fueron felices. Los niños solo pedían tenerlos cerca, aunque estuvieran muertos.

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Brecha sobre la conquista

Eduardo Galeano

¿Cristóbal Colón descubrió América en 1492? ¿O antes que él la descubrieron los vikingos? ¿Y antes que los vikingos? Los que allí vivían, ¿no existían?

Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos?

¿Quiénes pusieron sus primeros nombres al maíz y a la papa y al tomate y al chocolate y a las montañas y a los ríos de América?

¿Hernán Cortés, Francisco Pizarro? Los que allí vivían, ¿eran mudos?

Nos han dicho, y nos siguen diciendo, que los peregrinos del Mayflower fueron a poblar América. ¿América estaba vacía?

Como Colón no entendía lo que decían, creyó que no sabían hablar.

Como andaban desnudos, eran mansos y daban todo a cambio de nada, creyó que no eran gentes de razón.

Y como estaba seguro de haber entrado al Oriente por la puerta de atrás, creyó que eran indios de la India.

Después, durante su segundo viaje, el almirante dictó un acta estableciendo que Cuba era parte del Asia.

El documento del 14 de junio de 1494 dejó constancia de que los tripulantes de sus tres naves lo reconocían así; y a quien dijera lo contrario se le darían cien azotes, se le cobraría una pena de diez mil maravedíes y se le cortaría la lengua.

El notario, Hernán Pérez de Luna, dio fe.

Y al pie firmaron los marinos que sabían firmar.

Los conquistadores exigían que América fuera lo que no era. No veían lo que veían, sino lo que querían ver: la fuente de la juventud, la ciudad del oro, el reino de las esmeraldas, el país de la canela. Y retrataron a los americanos tal como antes habían imaginado a los paganos de Oriente.

Cristóbal Colón vio en las costas de Cuba sirenas con caras de hombre y plumas de gallo, y supo que no lejos de allí los hombres y las mujeres tenían rabos.

En la Guayana, según sir Walter Raleigh, había gente con los ojos en los hombros y la boca en el pecho.

En Venezuela, según fray Pedro Simón, había indios de orejas tan grandes que las arrastraban por los suelos.

En el río Amazonas, según Cristóbal de Acuña, los nativos tenían los pies al revés, con los talones adelante y los dedos atrás, y según Pedro Martín de Anglería las mujeres se mutilaban un seno para el mejor disparo de sus flechas.

Anglería, que escribió la primera historia de América pero nunca estuvo allí, afirmó también que en el Nuevo Mundo había gente con rabos, como había contado Colón, y sus rabos eran tan largos que sólo podían sentarse en asientos con agujeros.

El Código Negro prohibía la tortura de los esclavos en las colonias francesas. Pero no era por torturar, sino por educar, que los amos azotaban a sus negros y cuando huían les cortaban los tendones.

Eran conmovedoras las leyes de Indias, que protegían a los indios en las colonias españolas. Pero más conmovedoras eran la picota y la horca clavadas en el centro de cada Plaza Mayor.

Muy convincente resultaba la lectura del Requerimiento, que en vísperas del asalto a cada aldea explicaba a los indios que Dios había venido al mundo y que había dejado en su lugar a San Pedro y que San Pedro tenía por sucesor al Santo Padre y que el Santo Padre había hecho merced a la reina de Castilla de toda esta tierra y que por eso debían irse de aquí o pagar tributo en oro y que en caso de negativa o demora se les haría la guerra y ellos serían convertidos en esclavos y también sus mujeres y sus hijos. Pero este Requerimiento de obediencia se leía en el monte, en plena noche, en lengua castellana y sin intérprete, en presencia del notario y de ningún indio, porque los indios dormían, a algunas leguas de distancia, y no tenían la menor idea de lo que se les venía encima.

Hasta no hace mucho, el 12 de octubre era el Día de la Raza.

Pero, ¿acaso existe semejante cosa? ¿Qué es la raza, además de una mentira útil para exprimir y exterminar al prójimo?

En el año 1942, cuando Estados Unidos entró en la guerra mundial, la Cruz Roja de ese país decidió que la sangre negra no sería admitida en sus bancos de plasma. Así se evitaba que la mezcla de razas, prohibida en la cama, se hiciera por inyección.

¿Alguien ha visto, alguna vez, sangre negra?

Después, el Día de la Raza pasó a ser el Día del Encuentro.

¿Son encuentros las invasiones coloniales? ¿Las de ayer, y las de hoy, encuentros? ¿No habría que llamarlas, más bien, violaciones?

Quizás el episodio más revelador de la historia de América ocurrió en el año 1563, en Chile. El fortín de Arauco estaba sitiado por los indios, sin agua ni comida, pero el capitán Lorenzo Bernal se negó a rendirse. Desde la empalizada, gritó

¡Nosotros seremos cada vez más!

¿Con qué mujeres? –preguntó el jefe indio.

Con las vuestras. Nosotros les haremos hijos que serán vuestros amos.

Los invasores llamaron caníbales a los antiguos americanos, pero más caníbal era el Cerro Rico de Potosí, cuyas bocas comían carne de indios para alimentar el desarrollo capitalista de Europa.

Y los llamaron idólatras, porque creían que la naturaleza es sagrada y que somos hermanos de todo lo que tiene piernas, patas, alas o raíces.

Y los llamaron salvajes. En eso, al menos, no se equivocaron. Tan brutos eran los indios que ignoraban que debían exigir visa, certificado de buena conducta y permiso de trabajo a Colón, Cabral, Cortés, Alvarado, Pizarro y los peregrinos del Mayflower.

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¿Qué opinas de los tríos?

triosPor Rodolfo Romero Reyes

Sí, estábamos en la facultad cuando nos decidimos a conocer a fondo la opinión de la gente sobre un tema que despertaba nuestro interés. Salimos para la calle y empezamos a preguntar. He aquí, en orden, las respuestas que recibimos.

Muchacha 1: Yo creo que es una fantasía muy común, más en hombres que en mujeres. La mayoría de los novios que he tenido me lo han propuesto en varias ocasiones pero nunca lo he aceptado. Siempre quieren que seamos dos muchachas, para así ellos disfrutar de lo lindo. ¿Y por qué no pueden ser dos varones conmigo?, me pregunto. Ahí enseguida cambian el tema. Esta es una sociedad muy machista.

Muchacho 1: Pues de mí que digan lo que quieran: que soy cheo, anticuado. Pero yo no entiendo esos deseos en una mujer, mucho menos en mi novia. O son lesbianas o heterosexuales, pero esa mezcla, no sé. De verdad que yo, con mis 26 años, no entiendo ese tipo de relajo. Las parejas deben ser de dos. ¿O acaso estoy equivocado?

Muchacha 2: A mí no me gusta la idea de hacerlo con dos hombres. Si lo hago algún día, sería con un hombre y una mujer. Claro, nunca con mi novio. Por ejemplo, yo tengo una pareja de amigos con los que sí. Él trabajó en una investigación conmigo y ella pertenece al mismo proyecto que yo; si un día me lo proponen, imagino que aceptaré porque, primero hay confianza, y segundo, no me pondría celosa de nadie. De hecho, una vez se lo dije a ese amigo, que es con el que tengo más confianza. En cambio con mi novio, los celos me matarían.

Profesora 1: Yo creo que eso está de moda ahora y responde a una situación social concreta. Los tiempos actuales son muy pasivos y las nuevas generaciones siempre han sido rebeldes. Como no vivimos tiempos de manifestaciones, ni siquiera de «salir del closet» porque ya todo el mundo salió, es la época de ser rebeldes en ese espacio que nunca nadie nos podrá quitar: la intimidad. Los tríos son, en tanto, una expresión de rebeldía íntima de una pareja o de un grupo de amigos que quieren rebelarse contra el orden establecido.

Muchacha 3: Yo no soy lesbiana. Pero una vez lo hice. Fue algo muy casual, en una fiesta que terminó de forma inesperada. Mi amiga lo besó a él, él a mí y yo a mi amiga. De ahí adelante todo fluyó tan natural… Pasamos una noche lindísima, espectacular.

Muchacho 2: Yo lo hice una vez con un amigo y una jevita ahí, que era tremendo «cañón». A los dos nos gustaba, y ella además era un poco loquita, hay que admitirlo. Nos fuimos para mi casa y estuvimos los tres. Claro, que mi amigo y yo no nos tocamos, nosotros somos «hombres a todas». Solamente le dimos placer a ella.

Profesor 1: Yo doy clases en la Facultad de Comunicación y una vez hice una encuesta. Resultó que la mitad del aula lo deseaba y tres de ellos, ya lo habían hecho. Ninguno se consideraba bisexual; digamos que, en su opinión, era solo algo experimental.

Muchacho 3: En Cuba proliferaron los tríos, probablemente recibiendo la influencia de agrupaciones legendarias como «Los Panchos». Entre los más famosos se ubican el Trío Pensamiento, la más antigua de las agrupaciones corales yayaberas, dirigido por el maestro Miguel Campanioni, y otros como Los Teofilitos, Matamoros, Hermanas Martí, Los Cancilleres, Voces de Oro, Los Titanes, Los Embajadores y el trío Servando Días, por solo citar algunos.

Después de esta respuesta, que era en realidad la que buscábamos desde un inicio para la tarea de la asignatura Apreciación musical, desistimos de continuar la encuesta. Con esa imaginación tan fértil de los cubanos y las cubanas, temimos que, al preguntar por lo cuartetos, termináramos todos protagonizando una ardiente y profana orgía.

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Viven los pueblos originarios

Por Alihuen Antilio

El siglo XV veía una Europa en crisis, acorralada por la fuerza árabe y luego por el imperio Turco Otomano, las coronas católicas debieron buscar nuevas rutas de comercio para llegar al Asia. Equivocado pensando que había llegado al Este asiático Colón llamó “las Indias” a la tierra que hoy conocemos como Antillas, donde vivían los hermanos Taíno; la mayor de las Antillas hoy es defendida por la revolución cubana. Luego de 522 años aún se nos llama “indios”, a más de 5 siglos aún se asesinan Mapuche.

Si volviéramos a los días previos del 12 de Octubre de 1492, estaríamos a puertas de los últimos días de libertad antes de comenzar esta resistencia que marcó un cambio de época para la humanidad.

Sedientos de poder y riquezas la corona española cedió la conquista a privados estableciendo un impuesto del 20% de la riqueza obtenida por estos, el llamado “Quinto Real”. Otras coronas como la portuguesa o la británica a su debido tiempo fijaron estrategias similares. Fueron a su modo, las transnacionales de la época, pero con bastante más impuesto de lo que hoy cobra Chile por el actual saqueo.

“Encuentro” lo llaman algunos románticos, “descubrimiento” lo llaman otros soberbios, lo cierto es que esta campaña depredadora costó 64 millones de vidas de nuestros hermanos y hermanas en el continente: Sioux, Cherokee, Inuit, Apache, Tupí, Aymara, Azteca, Inca, Wichi, Esquimales, Charruas, Guaraní, Kuna, Tobas, Quechua, Diaguitas, Onas, Patagones, Rapa Nui, Mapuche, entre otros. Sin contar las vidas africanas que en esclavitud fueron testigos y víctimas también del mayor genocidio en la historia de la humanidad, la barbarie en busca de “desarrollo”.

El saqueo violento del oro, plata, metales, algodón, azúcar, arroz y la esclavitud como pilar económico, financió las bases del capitalismo moderno que hoy continúa masticándonos. Vinieron a “hacer la América” sustentando un nuevo y definitivo respiro para la Europa glamorosa, que en la revolución industrial no solo encontró máquinas que reemplazaron manos y animales, maquinas a vapor, la locomotora y metalurgia desarrollada, si no que también una potente marina mercante y militar capaz de contentar las nuevas y siempre crecientes ansias de poder y riquezas. Europa daba a luz: “industria armamentista” llamó a su regalón.

Cortaron nuestras lenguas para dejarnos la “lengua de la poesía”, dicen, pero en este continente vivíamos en una poesía, cada nombre y apellido es una poesía. Nos evangelizaron para terminar con nuestra “bestialidad”, dicen; pero nuestros Dioses habitan en el agua que defendemos, en el árbol que nos cobija, en la brisa que acaricia nuestro animalismo, ese que nos hace más humanos que el terno y la corbata de los ministerios. Instalaron sus fábricas y sus monedas para alcanzar el “desarrollo”, dicen, pero el kimün ancestral nos cuenta que el origen real del desarrollo radica en el espíritu, en el amor y la hermandad, en la vida que se respira para compartirla con la otra y el otro, con el puma y el cóndor, la araucaria y el copihue.

Hoy el escudo nacional chileno nos llama a la reflexión civilizada, “por la razón o la fuerza”. Nuestros weichafe caídos son el resultado de esa visión país, nuestros presos políticos pagan con su libertad el desacato histórico de un pueblo que se negará siempre a renunciar.

No solo luchamos por reivindicar la resistencia pasada, sino que también luchamos por un futuro de re-evolución.

Este 12 de Octubre del 2014 marchamos por el cobarde asesinato de nuestro Weichafe José Mauricio Quintriqueo Huaiquimil y por todos nuestros caídos.
Marchamos por todos nuestros presos políticos Mapuche.
Marchamos por un continente que se levanta en millones.
Marchamos porque somos Mapuche.

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Mi hija mayor va a Buenos Aires

Esto me lo envía una amiga por correo. Dice que está incompleto. Si alguien por favor lo tiene, ¿nos lo envía? Gracias.

Mi hija mayor va a Buenos Aires

Por Roberto Fernández Retamar

1
Mi hija mayor va a Buenos Aires
Casi con la misma edad que yo tenía
Cuando en 1961 estuve por primera vez allí,
Y en el vestíbulo del hotel, recién llegado ya sus ojos muy
joven,
Fryda Schultz tan fina, tan dibujada,
Me dijo que mantenía correspondencia con mi padre,
De quien había recibido un libro de poemas,
Y me vi obligado a responderle que cuando yo era niño
Mi padre había publicado un libro, pero a pesar de su
bella dedicatoria
A Obdulia, mi madre, que con tanta abnegación lo ayudaba
a sostener el peñón de Sísifo
(¿Tendré que añadir que entonces Albert Camus era casi
un adolescente?),
Y a sus hijos, es decir a nosotros, que con el tiempo
íbamos a considerarnos los Karamazov,
A pesar, digo, de esa dedicatoria, era un libro de
contabilidad,
Y también a pesar de que él era más digno de mantener
relaciones con ella que yo,
Era conmigo que ella se carteaba,
Y era mío el libro que ella había recibido.

Poco después conocí a mis hermanos destinados,
Como Juancito Gelman, que me regaló sus breves y ya
estremecedores libros primeros,
Y en El juego en que andamos me puso esta dedicatoria:
A Roberto/revolución de por medio/ tu hermanisimo/ Juan
/Baires, diciembre 61,
Y empezamos a intercambiarnos poemas/ cartas del uno
para el otro,
Y su poesía/su dolor/sus preguntas crecieron tanto que su
luz/su sombra se extienden sobre todo el Continente;
Como Paquito Urondo, que al igual que Juancito y tantos
otros poetas entrañables
Había nacido en 1930, el mismo año que yo,
Y ya había publicado un libro con el título de otro que yo
iba a publicar,
Aunque el suyo, por supuesto, me gusta más,
Y un día, quizá en su último poema,
Conversó conmigo por aquellos versos sobre los hombres
de transición,
Seguramente sin saber que tales versos a su vez
Eran resultado y parte de una conversación inconclusa que
tuve con el Che,
Y otro día iba a morir combatiendo
Y yo le escribiría un llanto que quise terminar con
esperanza,
Pero sé, porque él me lo escribió desde Caracas,
Que entristeció al sempiterno joven León Rozichtner;
A Rodolfo Walsh ya lo había conocido en La Habana,
cuando con Masetti, Gabo y otros tercos locos llevaban
adelante Prensa Latina:
Rodolfo me presentó en la entrada de una pequeña librería
habanera a Waldo Frank,
Cuyo amoroso libro sobre Cuba iba a contribuir tanto a
alterar el destino de mi Julio Cortázar,
Que en los últimos veinte años de su vida formó parte
completamente de la nuestra
En las alegrías y en los dolores, en los aciertos y en los
desaciertos, en lo que aprendíamos y en lo que
desaprendíamos.
A César Fernández Moreno, a Haroldo Conti, a Mimi Langer,
Para sólo nombrar aquí a algunos hermanos idos,
Los iba a conocer en Cuba, y volví a verlos en Francia, en
México, en muchas partes:
César murió, como de un rayo, del corazón, que debe ser
la muerte de los elegidos de los dioses;
Julio y Mimi fueron carcomidos por atroces y minuciosas
enfermedades
De las que me escribían con sereno valor, como si
estuvieran hablándome de cosas impersonales;
A Rodolfo y a Haroldo me los desaparecieron, me los
asesinaron,
Y nadie sabe dónde quedaron sus huesecitos, su polvo.

(…)

Mi hija mayor va a Buenos Aires
Casi con la misma edad que yo tenía
Cuando Miguel Ángel Asturias, a quien yo había recibido
en el aeropuerto de La Habana una madrugada de 1959,
Me ofreció una cena en su apartamento bonaerense,
Una cena de la que recuerdo a muchas personas,
Y sobre todo a Estela Canto, quien se paró de cabeza para
hablarme
Y luego me dejó, con dedicatoria en que mencionó al sol
de Cuba, su novela  En la noche y el barro,
Y muchos años después me conmovería con su libro Borges
a contraluz, comentado por el joven Andrés Zavala.

(…)

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Viscosos pero sabrosos

timon y pumbaPor Camilo Santiesteban Torres

El filme «El Rey León» fue estrenado en nuestro país en 1995 teniendo un éxito rotundo, realmente es una muy buena película que hace reír y llorar. Resulta que la figura de Simba como personaje protagónico no ganó tantos seguidores como Timón y Pumba, que eran muy cómicos.Los que éramos niños en ese momento nos hacíamos una pregunta muy sencilla al verlos degustando bichitos: ¿será que Los insectos se comen? Incluso la forma despampanante en que ellos manifestaban placer masticando confundía a cualquier infante. La respuesta era más que cantada por los mayores – ni se te ocurra muchacho –, entonces más claro ni el agua.

Con el tiempo y las clases de biología se ratificó esa expresión persuasiva coercitiva puesto que, definitivamente pude saber muchos pormenores acerca del hábitat de todo tipo de insectos, en especial de las cucarachas, que son de las más asiduas en las ciudades. Entonces rápidas conclusiones saqué: Cucarachas = Suciedad y donde hay suciedad, mugre o cualquier sinónimo parecido, no se pueden realizar muchísimas tareas, por ejemplo, las gastronómicas, las de elaboración de alimentos, etc.

Es correcto pensar, dadas las razones sabidas, que en los comedores, restaurantes, paladares o cafeterías las condiciones de sanidad deben ser las mejores posibles, porque de veras es desagradable encontrar cúcaras rondando (incluso asediándote) en la comida, sin estar puestas en el menú.

Conozco que en el mundo Oriental, y no hablo de Granma ni Santiago de Cuba, se comen este tipo de manjares como si fuera coser y cantar, pero creo que estamos tan lejos, tanto geográficamente como cultural que no veo un futuro culinario cubano inspirado en estos personajes asquerosos. Sé que la comida exótica está ganando espacio en occidente, pero no se engañen, aunque la cosa apriete – que está que ahorca – los bichos ahora mismo no son opción, así que agradecemos a los visionarios – de los que estamos rodeados – dejen que el tiempo pase y no traten de imponerse, va y dentro de treinta años es toda una corriente en ascenso, a lo mejor se oye decir mucho en ese momento: «viscosos, pero sabrosos». En tanto eso llega, Hakuna Matata, vive pero sin joder al prójimo. Gracias.

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Las relaciones de amor y nuestro querido Facebook

prueba-amor-facebook-contraseña-tuenti-controlPor Nemo

Hace días que estoy por escribir acerca de Facebook y lo mucho que ha cambiado mi vida. Seguramente mis mejores amigos de la Universidad recuerden mi negación, pese a ser estudiante de periodismo y entender el impacto positivo de las redes sociales en el mundo de la información y de la comunicación, a ser parte activa del genuino invento de Mark Zuckerberg.

Una vez que me gradué y empecé a pasar más tiempo en Internet decidí abrirme mi cuenta en junio de 2011. Dos amigos míos me ayudaron, primero a estar en Twitter, luego en FB y por último, a abrirme un blog. Después de eso he sido un sistemático usuario. Debo admitir, para mi satisfacción, que por suerte no soy de esos que no pueden hacer otra cosa que no sea estar pendiente al chat, o que se mueren cuando pasan un día sin conectarse. Yo, de hecho, disfruto irme 15 días y durante todo ese tiempo no saber nada del mundo exterior, o sea, de FB. Por eso mis mejores amigos se quejan de que nunca chateo con ellos. Pero la verdad, ese espacio de interacción me queda chiquito.

Sin embargo, pese a que he sabido lidiar con este fenómeno tecnológico, debo reconocer que FB ha cambiado los hábitos de las personas, al menos de la gente que me rodea. Es normal, me digo. Estando allí puedes informarte, distraerte, aprender cosas nuevas y conocer amigos. Y ustedes dirán, bueno, y este por qué escribe ahora esto si ya todos los sabíamos. Lo que ocurre es que quiero escribir sobre las relaciones de pareja y las cosas que suceden a la largo de una relación.

Vayamos por pasos.

Conoces a una chica o chico: Solamente con su nombre, buscas su perfil en FB, ves sus datos, dónde estudió, sus fotos, «vacilas» su físico, evalúas parejas anteriores e incluso sabes si está soltero/a o comprometido/a (en este último caso puedes visitar el perfil de su pareja y ver si es competencia para ti). Hay quienes, sobre todo los que estudian psicología, que se atreven a, con solo mirar las imágenes, decir si la persona es feliz o no, para actuar en base a eso.

Empieza la relación: Le gritas al mundo que tienes pareja. Realmente no lo gritas. Cambias tu «situación sentimental» y automáticamente el mundo se entera que tienes una relación. Después subes fotos románticas para mostrarles a todos lo feliz que eres. Pero con el tiempo empiezan los problemas: la mayoría de estos, cuando no son de incomprensión o falta de comunicación, están relacionados con los celos; tenerlos en Internet puede ser en extremo peligroso: celos de tus amigos/as (incluso de una asiática/o con nombre raro que no sabes cómo llegó a su perfil), celos de las personas con las que chatea, del tiempo que pasa en el chat y no aprovecha contigo, de las fotos que marca «Me gusta», de las cosas que comparten sus parejas anteriores… en fin, la lista es interminable.

Relación en picada: Discuten en la casa, discuten en la guagua y, por supuesto, discuten por FB. Sí, por el chat de FB. Terminan en el ciberespacio lo que empezaron en la calle. A veces, incluso, las discusiones son a modo de comentarios y entonces es peor porque todos, incluyendo a la CIA, se enteran de los trapos sucios.

Fin de la relación: Esta es la parte más trágica. Se publican muchos comentarios subliminares y fotos festivas que evidentemente quieren decir: «Hola, qué bien me siento, mira como disfruto» (puras mentiras). Después se bloquean o se eliminan de lo que FB ha llamado el listado de «Amigos». Hay algunos que llegan incluso a crearse nuevas cuentas, para empezar desde cero y en las que a veces para, según ellos terminar definitivamente, utilizan nombres falsos como «John House» o cosas por el estilo.

Nada amigas y amigos que Facebook, o mejor dicho, FB ha venido a cambiar nuestras dinámicas. Tal es así que estuve a punto de no enviar este trabajo a la revista. Tan solo con ponerlo en mi Muro o pinchar en Compartir, hubiese bastado. Incluso, de esa forma, quizás ustedes me leyeran de forma más rápida. Por supuesto, el texto no acaba aquí. Falta que busquen el botón de abajo y marquen: ME GUSTA.

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